Celia Montes: “No hay verano sin el Cabo”

Escrito el:

En la serie Anfitriones 2025 de la Guía del Parque, descubrimos a personas que viven, aman y conocen el Parque Natural Cabo de Gata-Níjar como nadie. Hoy nos acompaña Celia, anfitriona de Agua Amarga. Nació en Cabo de Gata y lleva más de diez años viviendo fuera de España; desde hace un año reside en Lisboa. Es de esas personas que llevan el Parque en la piel. Aunque su vida la ha llevado por Dublín y otras ciudades, siempre vuelve a casa. “Para mí, no hay verano sin el Cabo”, confiesa.

Su vínculo con esta “esquinita del Mediterráneo” es tan profundo que incluso ha inspirado su trabajo creativo. Fotógrafa y escritora, Celia acaba de publicar Bollo de Higo, su segundo libro, que transcurre entre Cabo de Gata y Lisboa, los dos lugares que más huella han dejado en su vida.

Tras vivir ocho años en Dublín trabajando como auditora de calidad para multinacionales, hoy combina el trabajo remoto en el negocio familiar con su faceta artística, siempre con el Cabo como punto de inspiración y retorno.

El Cabo en pocas palabras

Cuando le pedimos que describa su tierra a alguien que nunca ha estado, no duda:

“Un lugar mágico con playas vírgenes, caminos de tierra, salinas rosadas y cielos amplios.”

Para ella, lo más especial es que, a pesar del paso del tiempo, el Cabo de Gata conserva su esencia salvaje, serena y auténtica.

Recomendaciones de una anfitriona local

Celia tiene claro que hay rincones que merece la pena descubrir con calma. Uno de sus favoritos es La Fabriquilla, una playa tranquila donde las tardes parecen eternas y la luz dorada acaricia las salinas.

Aunque reconoce que cada estación tiene su encanto, si tuviera que elegir se quedaría con el final del verano y el comienzo del otoño:

“En esa época, el Cabo respira diferente: hay menos gente y el calor es más suave.”

En lo gastronómico, recomienda probar:

• El restaurante Samambar en Rodalquilar.

• Un buen vino en Tasca.

• Arroz caldoso de bogavante y gambas de Casa Pepe en San José.

Consejos para disfrutar sin dejar huella

Su recomendación para quienes visitan por primera vez es sencilla pero poderosa:

“Tómate el tiempo para desacelerar y dejarte envolver por la calma del lugar.”

Y, sobre todo, hacerlo con respeto: no dejar basura, evitar pisar la vegetación y actuar con conciencia hacia la naturaleza.