El árido paisaje de Cabo de Gata está salpicado de construcciones humanas, muchas de ellas reducidas a un puñado de piedra, que nos relatan cómo ha sido, a lo largo de los siglos, la lucha del hombre para sobrevivir en entorno natural grandioso pero hostil, único en Europa. Entre estas construcciones destacan los molinos de viento que, con sus puntiagudos techos (cuando lo conservan), se han convertido en una silueta característica del paisaje, apareciendo en algunos de sus enclaves más bellos. Siluetas que nos hablan de cómo, a falta de agua, las fuertes corrientes de la zona se convirtieron en la principal fuente de energía para mover las piedras que molían el trigo, aunque existan también algunos ejemplares de molinos hidráulicos, junto al escaso cauce del Río Alías.

 

A diferencia de las norias, los molinos de viento son en su totalidad construcciones modernas llegadas al parque en el s. XIX y que fueron perdiendo su utilidad a lo largo del s. XX, muriendo los últimos en los años 70 del pasado siglo. Se trata de molinos del tipo cartaginés (aunque con características propias), conformados por una torre cónica de obra coronada por un tejado giratorio, una enorme guía y un conjunto de aspas en forma de velas sobre un eje. Al ser la mayoría de viento, nos encontramos con un caso atípico en Andalucía, pues tan sólo en Cabo de Gata y Vejer de la Frontera (Cádiz) predominan este tipo de construcciones.

Las entrañas de los gigantes

El molino de viento típico del parque contaba con una torre de mampostería de piedra, cal o yeso con dos puertas enfrentadas (de modo que siempre quedara una libre en caso de que las velas tapasen la otra). Sobre la torre se encontraba el chapitel, un techo giratorio realizado en madera, que permitía mover las aspas según las corrientes. En su interior el espacio se dividía en tres plantas, siendo la superior para la maquinaria, la planta baja para la romana y el harinal, y una planta intermedia de poca altura que servía de almacén.

El tejado giratorio se movía mediante una gran viga (la guía) que en muchas ocasiones procedía de mástiles de barcos (algunos naufragados), para encarar las aspas al viento. Aspas que se componían de velas triangulares dispuestas alrededor de un eje y atadas con sogas a los palos. La fuerza del viento recogida por las velas se trasmitía mediante ejes y engranajes a las piedras de moler que, en el interior, convertían el trigo en harina.

Dirigir la maquinaria no era tarea fácil, requería de precisión y de un conocimiento profundo de los vientos. La figura del molinero era muy importante, puesto que de su habilidad y su capacidad para leer las corrientes dependía no sólo el buen funcionamiento del molino sino su supervivencia. Un mal golpe de viento podía hacer que el molino “hincara el pico” o “clavara la cabeza”, lo que destruía la maquinaria por completo y obligaba a construirla de nuevo.

Los que resisten

Hoy tan sólo quedan 17 molinos (18 si contamos la molina del Cortijo de San Antonio), tres de agua y el resto de viento, todos de propiedad privada (excepto el de Carboneras) y la mayoría de ellos en estado de ruina. A partir de su inclusión en el catálogo de Bienes de Interés Cultural de la Junta de Andalucía, en el año 2001, los molinos pasaron a estar protegidos. En los últimos años se ha iniciado la reconstrucción de algunos de los más emblemáticos o mejor conservados como puntos de interés para el turismo.

Molino del Pozo de los Frailes

Ha sido recientemente restaurado, sustituyendo la maquinaria original (perdida) por la del Molino de los Martínez. Está situado en las cercanías del Pozo de los Frailes, en un llano donde se sembraba cereal, y se caracteriza por tener una torre más estilizada que otros molinos, con la base y la parte alta prácticamente del mismo tamaño.

Molino del Collado de los Genoveses

Otro de los molinos restaurados tras su catalogación como BIC. Su posición, en un collado entre San José y El Campillo de los Genoveses, hace de él todo un emblema paisajístico de la zona, además de un mirador privilegiado para disfrutar de unas preciosas vistas.

Molino de Manuel Gil

También conocido como molino de Fernán Pérez, ha sido restaurado en los últimos años. Se encuentra en un cerro de poca pendiente junto a un cortijo y un aljibe, formando parte de un conjunto muy interesante desde el punto de vista de la arquitectura tradicional del parque.

Molinos de la Cortijada de Bornos

Estos dos molinos de viento no están restaurados, pero cuentan con la peculiaridad de encontrarse separados por apenas 30 metros. Situados los dos en la cima de un cerro, forman parte de un cortijo rehabilitado donde los molinos se han utilizado como parte de las infraestructuras de la residencia.

Molino de Viento de Carboneras

Restaurado y adquirido por el Ayuntamiento de Carboneras, se trata del único molino de viento de titularidad pública. Se sitúa en el casco urbano, en la zona conocida como Cabecico del Aire, y es una de las señas de identidad del municipio. Junto a esta construcción se ubicará el Museo de la Cultura de los Molinos, con el que se pretende poner en valor la importancia que este tipo de construcciones han tenido en el parque.

Molino de Arriba de Agua Amarga

Se trata del molino de viento mejor conservado de la provincia y se sitúa cercano a una residencia a la que sirve como elemento decorativo. Tanto torre, como maquinaria y chapitel se encuentran en buen estado.

Molino de agua del Argamasón

Uno de los pocos ejemplos de molino hidráulico que ha sobrevivido en el parque. Se sitúa en el paraje del Río Alías y aprovecha el único cauce en superficie de la zona.

Molina del cortijo de San Antonio

Una construcción atípica en el parque que combina dos de los ingenios característicos de la zona: el molino de viento y las noria. Su finalidad era la extracción de agua pero, en lugar de usar la tracción humana o animal para sacar el líquido a la superficie, aprovechaba la energía eólica. Para ello se ubicaba un molino junto al pozo y se sustituía el mecanismo para moler por uno para mover una cadena con arcaduces, que llegaban a bajar 40 metros de profundidad. Esta molina se encuentra en el Campillo de Gata, cerca de Las Salinas, junto al Cortijo de San Antonio, del que recibe el nombre y es la única del parque que ha sobrevivido hasta nuestros días.

Fuentes

  • Servicio provincial de turismo, Diputación de Almería: http://www.turismoalmeria.com/molinos-de-la-provincia-parque-natural-cabo-de-gata-n%C3%ADjar-y-la-comarca-de-los-vélez-0

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